Second Life

Second life ya tiene más de 35 millones de habitantes. Para quienes no lo conocen, este metaverso,  es un universo virtual más allá de la realidad en el que los habitantes crean su propia vida soñada y  afrontan desafíos y triunfos imaginarios. Los ‘residentes’ en este mundo ficticio acceden mediante un avatar, una representación gráfica de su identidad en internet, y con él establecen relaciones, trabajan, crean, se divierten, hacen amigos y enemigos  y disfrutan de esa ‘segunda vida’ que no está a su alcance en el territorio real. Pueden también fabricar, vender o comprar diferentes productos, hacer películas de cine, votar en las elecciones, hacerse millonarios, participar en el juego con múltiples identidades e incluso asistir a una catedral anglicana… Su anuncio promocional termina diciendo: ‘¡Escápate ahora!

Y a una le entran ciertas ganas… Nos levantamos y acostamos con los múltiples Bárcenas que han legitimado la caradura, el robo, la corrupción y el fraude como si de una neopicaresca burlona se tratara…. Se ha convertido en normal el crimen de corbata y, como resultado, estamos perdiendo la confianza en la honestidad y la eficacia de la gestión pública de los bienes comunes… Generalizamos con facilidad, en el ‘todos son iguales’, renunciando a la fe en un futuro transparente y éticamente ambicioso.

Así es fácil que triunfen las propuestas de utopías individuales, sean o no virtuales, y que la idea de felicidad solo comprometa al propio ombligo. Pero son las utopías sociales las que han cambiado el curso de la historia y se convirtieron en fuerzas compartidas que tiran de los pueblos para hacerles buscar lo mejor para todos y no solo para unos pocos. Si las religiones, filosofías o ideologías políticas ya no son capaces de generarlas, ¿quién devolverá la esperanza que sostenga el altruismo, la solidaridad e incluso la justicia para todos?  En el hinduismo, los avatares  originalmente eran la reencarnación terrestre de dioses y a veces de almas especialmente bendecidas con algunas virtudes poderosas… Quizás deberían jugar más en nuestro mundo real.