De entrenadores que educan

     Tengo mala memoria, pero hay recuerdos caprichosos que se quedan grabados y vuelven con fuerza cada vez que un lugar, o un momento encienden una chispa… como los domingos por la tarde que siempre me recuerdan a José María García en la radio… cuando el futbol era la estrella solo una vez por semana, y volvíamos del pueblo, sin autopistas, en un viaje largo y silencioso, excepto por la voz de mi padre que maldecía los resultados adversos… quizás por eso no me gusta el futbol. Pero había una cosa que siempre me intrigaba y me parecía tremendamente injusta: por qué dimiten los entrenadores si son los jugadores los que pierden el partido… Lo que vemos los neófitos es solo el partido final pero se nos escapa todo lo que hay detrás de arte y esfuerzo, y la culpa o el éxito de quién es artífice de la estrategia del juego.

     Se ha puesto muy de moda hablar de la figura del entrenador como metáfora educativa. Cuando educas no juegas el partido. En tu mente dibujas las trayectorias de cada balón que la vida les lanza… sabes cuál sería la mejor posición, la mejor compañía, los mejores fichajes para acompañarles. Conoces a los contrarios y las contrariedades que tendrán que afrontar y puedes anticipar los golpes y desear e incluso prepararles para que los eviten. Pasas con ellos por los tedios y las inseguridades, por los inicios y los triunfos precoces. Les conciertas los partidos o incluso, a veces los amañas para que ganen confianza, no pierdan, no sufran… Vibras y les hablas como si siempre pudieran adivinarte…Vives las lesiones como si fueran tus heridas y estás ahí, al inicio, en el juego y al final, en las pérdidas y las victorias… Pero no puedes jugar por ellos.

     ¿Hasta dónde eres responsable de su destino? Es una pregunta que  marca el umbral entre las gradas y el terreno, espectadores o entrenadores. Es un aguijón que te mantiene en tensión desde el instante que son tuyos: si es en la escuela, solo en temporada… si es en la vida, no cabe dimisión.

Carmen Pellicer