Pensamiento

Neodeterminismo neuronal

Jorge tiene siete años y persigue abuelitos, esa mezcla de flor y pelusa que crece salvaje en los campos…. quiere convencerte que si encuentra uno lo suficientemente grande, al soplar con todas tus fuerzas se cumplirán tus deseos… Jorge lo cree y lo vive con tanta pasión que uno casi desearía poder creerle… Donde tú solo ves hierbajos, él ve una Narnia llena de posibilidades y realidades ocultas… no finge ni pretende impresionar… solo confía… hasta que crezca o madure…

Dicen las ciencias de la mente, las nuevas fetiches del conocimiento, que las creencias falsas sobre el mundo van contrastándose con la realidad y se descartan aquellas que no son coherentes a medida que crecemos, pero otras se conservan mezcladas con nuestros miedos y supersticiones…. Cómo nos funciona la cabeza sigue siendo un misterio. Hay en este momento una eclosión lujuriosa de teorías y modelos sobre la inteligencia y el cerebro que demuestran cualquier hipótesis y su contraria, según que página de internet consultes. Ponerle el adjetivo de ‘científico’ o anteponer la coletilla ‘como dice la neurobiología’ dota de un aura de pseudo-autoridad a cualquier consejo o experimento educativo que se proponga aunque carezca del necesario rigor.

Profundizar en los mecanismos que van conformando nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar es un desafío para los educadores, que nos ayuda a ayudarles mejor y a prevenir muchos problemas. Pero a veces corremos el riesgo de querer explicarlo todo con un neodeterminismo neuronal que creíamos superado. Yo ya no recojo abuelitos, y siento una punzada de añoranza y envidia cuando veo a Jorge… cada edad tiene su misterio que dejas de poder aprehender cuando la abandonas…  Pero confieso que sigo pidiendo deseos a las estrellas fugaces, y en lo más remoto de la mente madura, se debaten la certeza de que no se cumplirán y  la duda de si un ángel juguetón escuchará las voces silenciosas que cantan en esa parte del cerebro que jamás conseguirán explicar en un laboratorio.