Pedagogía

Educación emocional

     Me gustaría empezar esta columna con un video que me ha impresionado esta semana… ¡Debe ser la influencia de la cultura de la imagen que acaba devorándonos un poco a todos! Así que imagínense una clase de ciencias en la que el profesor, para explicar los estados sólidos, líquidos y gaseosos de la materia, pide a los alumnos que actúen como moléculas, se agrupen y se abracen de manera similar, y con una fuerza proporcional a como lo hacen los diferentes materiales que aparecen en la naturaleza. En grupos, los adolescentes, tan postmodernos, desinhibidos y promiscuos ellos, apenas saben tocarse ni moverse, se resisten a acercarse unos a otros, y los dos géneros se polarizan y se avergüenzan mutuamente. Poco a poco, con sentido del humor y firmeza, el profesor va organizando una coreografía que engancha a los alumnos, que ni siquiera oyen el timbre, para que se acerquen y aprendan a expresar sentimientos, emociones y, en este caso, su comprensión de un concepto científico complejo, con su cuerpo.

     Existen muchas iniciativas para cuidar el bienestar emocional y desarrollar la dimensión afectivo-sexual de los alumnos en las escuelas. Para que sean eficaces no pueden limitarse a actividades puntuales o debates a la vieja usanza. Deben apostar por crear ambientes de confianza donde se fomenten de forma activa y abierta, relaciones de intimidad, compromiso, lealtad y cariño. Tienen que ayudarles a conocerse a sí mismos en profundidad y con realismo, y a aprender a afrontar la adversidad y las dificultades con coraje y fortaleza. Deben crear espacios para que se expresen y manejen los lenguajes verbales y no verbales que necesitan para enriquecer sus relaciones interpersonales. Y cuidar su cuerpo como el rostro, que no un mero instrumento, de su identidad personal.

     Seguro que los alumnos de mi amigo tardarán más en olvidar esta clase que la pizarra llena de ejercicios. De hecho, las fórmulas  se ven detrás de las composiciones corporales que los chicos y chicas representan en el simulado escenario, y puede que, con suerte, acaben relacionando ambas cosas. Y así demuestren que estimular la cabeza no es incompatible con educar el corazón.

Carmen Pellicer Iborra

Aprender y leer

    Cuando era pequeña me encantaba leer…. Devoraba las novelas, las obras de teatro, poesías, revistas y cualquier cosa que cayera en mis manos. Teníamos en casa una colección antigua, publicada en Argentina, de libros clásicos, y también una caja de zapatos de mi abuelo llena de cuentos diminutos de Calleja, que escondía entre las carpetas azules con gomas que llevaba a clase para entretenerme mientras hacíamos aquellas interminables y tediosas fichas que eran la moda pedagógica de mi época escolar.

    Ahora peleamos en las escuelas con planes de lectura, que contrarresten la avalancha mediática de la cultura de la imagen en la que crecen nuestros hijos. Los videos sustituyeron a los cuentos al pie de la cama, y las redes sociales a las postales y las cartas de amor. Va con los tiempos, pero seguimos deseando, con cierta añoranza, que aprendan a leer. Las energías las quemamos todavía en las reglas ortográficas, los análisis sintácticos, y las versiones simplificadas de los clásicos, y calificamos si leen y escriben correctamente, y más todavía, si comprenden lo que leen y se expresan por escrito con rigor. Pero aprender a leer implica también disfrutar de la lectura, perderse en las historias, identificarse con los personajes, reír y llorar con ellos y recrear sus vidas entretejidas con las nuestras en los escenarios de nuestra imaginación. Así, leyendo, también aprendemos a desenredar la complejidad del mundo que nos rodea y a comprendernos a nosotros mismos… Aprendemos a vivir, y cuándo es posible, a ser mejores.

    Es un buen ejemplo de lo que significa aprender. Cada uno de nosotros es especialista en un saber… puede que no sea la lectura, sino la cocina, el cuidado de los animales, los coches, el cine, un deporte… ¡quién sabe!… somos expertos en aquello que nos apasiona lo suficiente para estimular nuestra curiosidad, robar nuestro tiempo y hacernos olvidar la rutina. Los educadores aprendemos a enseñar cuando nos asomamos a la historia de nuestros aprendizajes más queridos, y descubrimos las cosas y las maneras que nos engancharon a nosotros y que pueden convertirse en metáfora viva de los desafíos nuevos que afrontamos y que a veces amenazan con convertirse en insalvables.

Carmen Pellicer

Los unos y los otros

La pastoral de la diversidad

1. Introducción: Educar para un futuro por construir

                                        ¿Cuándo venga de nuevo qué encontrará sobre la tierra?

     La diversidad es una realidad presente en la naturaleza, que descansa en lo común que define a cada especie….pero cuando la referimos a los humanos, estamos hablando justamente de lo contrario, de aquello que nos diferencia y que constituye nuestra riqueza y nuestro desafío. La diversidad humana es ambivalente… remite a lo único, lo específico, lo propio, lo cultural, herencia o raíces, historia y tradición que enriquece a la humanidad… pero refiere también a diferencias dañinas, prejuicios, discriminación, desigualdades e injusticia, miseria y opresión… El discurso de la diversidad incorpora elementos subjetivos de percepción, ideologías y respuestas de construcción social, y por lo tanto está abierto al debate y la controversia.

     En el año 2000 los extranjeros empadronados en España no llegaban a un millón. En los últimos 5 años esta cifra se ha multiplicado hasta rozar, con o sin papeles, a los cinco millones. Este fenómeno ha puesto de manifiesto no solo un proceso de cambio social sino una transformación de la misma comprensión que tenemos de nosotros mismos y de la naturaleza de nuestra convivencia. La diversidad no es el fruto de la inmigración sino que se ha ocultado bajo generalizaciones y estereotipos colectivos que no han resistido la experiencia del encuentro con los otros venidos de lejos. La radicalidad de las exigencias de entendimiento, diálogo y reestructuración que ha supuesto la llegada masiva de otras lenguas, culturas, religiones, e incluso de una nueva clase social, nos ha ayudado a repensarnos y valorar el respeto a lo que cada uno tenemos de diferente y lo que constituye lo común. Nos enfrentamos, sin posibilidad de evadirnos, a la existencia de las diferencias, al aprecio de otras diferencias, y esto ha hecho que reconsideremos el valor del pluralismo, que no está reñido con la unidad, pero sí con la uniformidad.

Sigue leyendo

Aprendizaje cooperativo

     El ministerio de defensa norteamericano junto con la Nasa y algunas universidades están desarrollando unos modelos de robots diminutos para llegar donde los seres humanos no pueden o es demasiado peligroso para ellos. Estos micro artefactos se parecen a insectos como moscas, escarabajos, abejas y libélulas y su función principal es recoger información de lugares inaccesibles, de muchas fuentes, compartirla, procesarla y crear un conocimiento global del medio en el que están realizando su misión. Lo más curioso de la investigación es que parte de la observación del mundo natural, especialmente de los comportamientos cooperativos para resolver una tarea que tienen algunos animales, como las colonias de lobos que colaboran repartiéndose tareas que ninguno de ellos podría completar solos, cómo se comunican y cómo se distribuyen el trabajo… Así que los robots del futuro tendrán que practicar el trabajo en grupo… ni las máquinas más perfectas podrán trabajar solas…

     Para muchos el ideal de un aula es ver a los alumnos en silencio, en fila india enfrascados en resolver ejercicios de su libro de texto. Esa vieja idea de que el aprendizaje eficaz se produce mediante la memorización de largas listas de contenidos y que el trabajo individual es la única forma de rendir, condiciona en gran medida las dificultades de innovar en las aulas y cambiar las metodologías que utilizan nuestros maestros.  Existe en nuestro panorama educativo una mentalidad tremendamente individualista que hoy está franca contradicción con las necesidades que tenemos que afrontar en la vida personal y profesional.

     Aprender a colaborar, a trabajar juntos, es más que una estrategia de motivación o un remedio contra el aburrimiento estudiantil.  No es suficiente repartirse las tareas sino que tenemos que aprender a depender unos de otros, a involucrarnos en el éxito de los compañeros que es imprescindible para el nuestro, a ser generosos compartiendo la información y los avances que realizamos, a dialogar y llegar a compromisos comunes, asumiendo riesgos de forma responsable y participando en proyectos que solo son posibles si unimos fuerzas. Si los robots necesitaran cooperar, cuanto más quienes tendrán que mandarlos.

Carmen Pellicer