Crecimiento

Graduaciones

Estos días he tenido varias graduaciones, dos de mis hijos en la universidad… invitada para discursos en otras, y esta mañana hemos reproducido con togas incluidas, la ceremonia con los alumnos de infantil. Ahora estamos a pocas horas de nuestra fiesta de graduación de los alumnos de sexto de primaria. Son celebraciones curiosas de despedidas y comienzos, que mezclan pena y alegría, éxito por lo alcanzado y una ansiosa inquietud por lo que va a comenzar… Ahora están de moda esta especie de sacramentos seculares que ritualizan los cambios vitales en los centros educativos de todas las edades, y reminiscencias americanas aparte, son una ocasión para mirar agradecidos hacia todo lo que hemos compartido juntos.

Como al hijo pródigo que pide llevarse su parte de la herencia, me pregunto que se llevan en las mochilas imaginarias de sus mentes y corazones. Esperamos que entre las muchas cosas útiles como el cálculo, la gramática, o la historia, haya sitio para las cosas que son verdaderamente importantes: Cómo reconocer el cariño, apoyar al que se siente débil o vencer el orgullo para dejarse ayudar por él… la necesidad del esfuerzo y la constancia para conseguir las cosas que son más preciadas y dónde encontrar la fortaleza para levantarse de nuevo después de fracasar…. Queremos que se lleven la certeza de qué no todas las vidas son iguales y uno puede elegir horizontes elevados… qué hayan aprendido a buscar y hacer el bien… y que apuesten por diseñar su futuro propio, en el que está presente sin condiciones el que es el Señor del tiempo.

Hoy como educadora de niños que terminan oficialmente la infancia… Ayer, como madre orgullosa y emocionada en el otro lado del salón, de unos hijos que estrenan, excitados, una juventud adulta… Termina una parte de sus vidas y también cambia nuestro rol en ellas… Nadie entiende su propia vida como fácil aunque desde fuera así se juzgue… y cuando la afronten solos, echarán mano de lo que haya permanecido después de perder todo lo demás.