Coaching

A quién hacemos el coaching

     La memoria es como un álbum de fotos. No recordamos épocas enteras de nuestra sino una colección de instantes que se mezclan caprichosamente y a los que acudimos de vez en cuando… a veces imágenes nítidas y otras que se van quedando en tonos sepia y marfil…. Busco en la mía cómo aprendí a enseñar…

     Recuerdo de niña el placer de hacer sencillo y comprensible lo difícil cuando explicaba a mis compañeras las lecciones en el autobús escolar… tengo grabado sobre todo el temor y temblor de las primeras clases en el instituto de Palma donde cambié por primera vez de un lado del aula al otro, queriendo representar mejor que mis predecesores un rol que creía conocer bien y que apenas manejaba… recuerdo el miedo a perder el control de una precaria disciplina, el vértigo a no saber que decir, las dificultades de llegar a niños más pequeños y la sorpresa ante el inesperado desinterés de mis alumnos por lo que yo creía fascinante… recuerdo los pequeños grandes éxitos primeros de las clases nocturnas cuando podías acompañar más allá de los libros en la aventura del conocer…. Los desafíos y desplantes, sus logros y fracasos, la intimidad y la indiferencia, la tensión y la seducción… la adicción inicial que provocan el apego afectivo y la admiración… la mezcla de miedos, descubrimientos y placeres que el aula sigue despertando en mí… todo eso vinculado a instantes pero sobre todo a rostros, de los que he olvidado los nombres pero han quedado ligados para siempre a mi aprendizaje inacabado del arte de educar…

     Pero muchos de esos momentos solo los he comprendido después. Con años de experiencia, reflexión y estudio creces en ese discernimiento para encontrar las maneras de llegar a las mentes de los que se ponen en tu camino…. encuentras el equilibrio necesario para implicarte a la vez con los que te quieren y los que te provocan, buscando su bien por encima de tu recompensa emocional… Y aprendes a acompañar si te dejas ser acompañado, si afrontas tus carencias y debilidades y compartes generosamente lo que sabes hacer bien… nadie llega solo a ser educador…
Desde hace varios años entramos en cientos de aulas para hacer esto que llaman ‘coaching’, que traducimos por ‘entrenamiento’, aunque en castellano pierde algo de glamour… No me gusta el nombre aunque a veces haya que ceder a él. Creo que no todo se puede importar a la educación sin tamizarlo por unos criterios específicos que hacen de nuestras escuelas empresas especiales… nos pasó con la ‘calidad’ que se quedó en las puertas de las aulas y en ocasiones olvidó el proceso por excelencia que no es enseñar sino aprender… ahora el marketing cada vez más frecuente de este anglicismo combina arriesgadamente el acompañamiento espiritual secularizado, las terapias light de autoayuda y las técnicas más agresivas de control empresarial… Me gusta más hablar de observación, incluso evaluación en sentido genuino, del desempeño docente. En una cultura escolar donde las puertas están cerradas a cal y canto y todavía se manipula el concepto de libertad de cátedra como la potestad de hacer lo que uno quiere sin rendir cuentas sobre la profesionalidad, la eficacia y la fidelidad a un proyecto común, entrar dentro de la clase y generar la tensión de la autocrítica constructiva y el compromiso por el perfeccionamiento personal es una revolución.

     Hemos ido construyendo un modelo que descansa en observar el aprendizaje de los alumnos y el impacto que el profesor tiene sobre su desarrollo… Así entendido, el coaching es un proceso de acompañamiento no solo del docente, o del alumno, sino del encuentro entre ellos y la posibilidades que abre para el crecimiento personal de ambos. Y que va consolidando la reflexión y el compromiso por seguir aprendiendo como parte de la cultura de un centro. No se trata de entrar a juzgar o controlar, sino de abrir las puertas para que unos podamos aprender de los otros, busquemos lo mejor de nosotros mismos y comprendamos con mayor profundidad nuestra experiencia… para compartirlo y ayudar a crecer a los demás… para ser más competentes pero sobre todo, más sabios.

(Artículo publicado en la revista Educadores)