Archivo mensual: noviembre 2013

Las tsuchi

Las tsuchi- dango  son literalmente bombas de semillas diferentes que se aglutinan con barro y compuestos orgánicos en forma de canicas que pueden ser lanzadas a lo lejos y son capaces de crecer en condiciones muy adversas y terrenos poco abonados. Es una técnica antiquísima que se originó en Japón que permitía plantar a la vez semillas que crecían en distintas temporadas y en lugares de difícil acceso. También se usaba en Egipto tras las inundaciones del Nilo… Al juntase en una amalgama de más peso era más fácil vencer los peligros de los insectos, pájaros, vientos y aguas que les amenazaban. En los años 70 en Nueva York unos grupos ecologistas llamados ‘las guerrillas verdes’ comenzaron a usarlas para bombardear indiscriminadamente los solares y espacios abandonados. Al poco tiempo las semillas germinaban y sorprendían con una mezcla de colores inesperados.

He estado estos días de hospitales… públicos, grandes, inhóspitos, fríos, saturados. Cuando cruzas el umbral es como si la vida se detuviera y lo de fuera tuviera menos valor…. y quedas a merced de aquel hormiguero de especialistas, turnos, salas… de un lado a otro… esperando saber….y las horas en la sala de espera crean lazos inesperados, confidencias extrañas que comparten el dolor, la angustia, la tristeza, la amargura, y el cansancio del envejecer… lo más íntimo y escondido que te cuenta alguien a quién no volverás a ver jamás… como un  gran confesonario que se lleva todos los secretos pero sin absolución… y la penitencia que va incluida…

Y recordé las tsuchi-dango. Porque en algunos momentos de la vida y en ciertos lugares, los gestos de amabilidad gratuita y anónima ganan fuerza y fructifican generosos. Hay personas, da igual que sean médicos, celadores, auxiliares, enfermeros, pacientes o acompañantes,  que con sus gestos y palabras, con la mirada,  con la sonrisa y la paciencia de escuchar son como bombas de cariño y de consuelo. Las lanzan por doquier sin mirar muy bien dónde caen ni esperar recoger los frutos… pero a su alrededor marcan la diferencia entre la esperanza y la desolación.

Ley cobarde

Mañana hemos organizado una fiesta del aprendizaje. Le llamamos así porque es el final del proyecto de los últimos dos meses en nuestro colegio sobre cómo nuestro pueblo también es educador. Hemos recibido más de veinte visitas de deportistas, amas de casa, artesanos, policías, concejales, músicos, agricultores, empresarios, ancianos y jóvenes, famosos y anónimos  que han colaborado dentro de las aulas con los niños y los profesores en dar a conocer su vida, su historia y su aportación a la comunidad local. Por los pasillos y las paredes cuelgan murales, mapas mentales, redacciones, dibujos, fotos, trozos de cartones y maquetas, libros viajeros y cuentos caseros, flores y plantas,  incluso los de primer ciclo han preparado un rincón de masajes con hierbas terapéuticas que han cultivado ellos en un pequeño huerto improvisado… Los padres han recopilado fotos antiguas y otras más recientes, y han ayudado a los niños a conocer todos los relatos escondidos del lugar que les acoge y les nutre su identidad…. se respira la ilusión de contar a las familias que nos visitarán mañana todo lo que hemos disfrutado aprendiendo juntos…  y cada cosa que miramos nos hace sentirnos orgullosos de lo que nuestros alumnos logran en el día a día… y nos asombran… y nos sorprendemos también de nosotros mismos… y deseamos crecer más… hacerlo mejor…

Fuera de los muros escolares se debate una ley de educación que nace con la vocación de morir joven… una ley sin visión, gestada por burócratas e ideólogos que discuten más preocupados por dejar su impronta que por abrir caminos de futuro… que parte de un presupuesto falso: Controlar y presionar para obtener mejores resultados en algunos indicadores puntuales no corrige ni mejora lo que lleva a las escuelas al fracaso. No es por lo que dice sino por lo que omite, por miedo o por ignorancia, y la falta de propuestas valientes que aborden las causas de nuestros problemas…. paseando esta noche por las aulas vacías que esperan acogedoras el primer timbre de la mañana, pienso que, sobre todo, es una ley cobarde que confunde el éxito educativo con el triunfo mercantil.

Graduaciones

Estos días he tenido varias graduaciones, dos de mis hijos en la universidad… invitada para discursos en otras, y esta mañana hemos reproducido con togas incluidas, la ceremonia con los alumnos de infantil. Ahora estamos a pocas horas de nuestra fiesta de graduación de los alumnos de sexto de primaria. Son celebraciones curiosas de despedidas y comienzos, que mezclan pena y alegría, éxito por lo alcanzado y una ansiosa inquietud por lo que va a comenzar… Ahora están de moda esta especie de sacramentos seculares que ritualizan los cambios vitales en los centros educativos de todas las edades, y reminiscencias americanas aparte, son una ocasión para mirar agradecidos hacia todo lo que hemos compartido juntos.

Como al hijo pródigo que pide llevarse su parte de la herencia, me pregunto que se llevan en las mochilas imaginarias de sus mentes y corazones. Esperamos que entre las muchas cosas útiles como el cálculo, la gramática, o la historia, haya sitio para las cosas que son verdaderamente importantes: Cómo reconocer el cariño, apoyar al que se siente débil o vencer el orgullo para dejarse ayudar por él… la necesidad del esfuerzo y la constancia para conseguir las cosas que son más preciadas y dónde encontrar la fortaleza para levantarse de nuevo después de fracasar…. Queremos que se lleven la certeza de qué no todas las vidas son iguales y uno puede elegir horizontes elevados… qué hayan aprendido a buscar y hacer el bien… y que apuesten por diseñar su futuro propio, en el que está presente sin condiciones el que es el Señor del tiempo.

Hoy como educadora de niños que terminan oficialmente la infancia… Ayer, como madre orgullosa y emocionada en el otro lado del salón, de unos hijos que estrenan, excitados, una juventud adulta… Termina una parte de sus vidas y también cambia nuestro rol en ellas… Nadie entiende su propia vida como fácil aunque desde fuera así se juzgue… y cuando la afronten solos, echarán mano de lo que haya permanecido después de perder todo lo demás.

Diversidad ante la adversidad

Estamos en Sevilla con ACCAM, la asociación de Centros Católicos de Ayuda al Menor, una organización que agrupa a más del 80% de Centros de Acogida de menores en situaciones complejas, alejados de sus familias de origen. En la mente de todos, cómo la crisis y los recortes amenazan incluso la supervivencia de las instituciones que atienden a los más débiles de la sociedad… Desanimados por una Administración que ha perdido, con tanta corrupción y derroche,  su legitimidad para pedir más sacrificios a los que se dejan la piel en el día a día, mientras por otra parte, los estrangula con mucha burocracia innecesaria, tramitaciones irresponsablemente largas, cambios erráticos de medidas políticas y falta de comunicación y acuerdo entre todos los que están implicados en la protección de los niños y adolescentes. No es fácil mantener el ánimo en medio de una situación difícil.

Cuando uno trabaja y no solo colabora en una institución eclesial, el equilibrio entre la fidelidad a una misión incuestionablemente necesaria y la viabilidad de los proyectos es un desafío importante. La buena voluntad no basta. En este caso, nadie discute su necesidad ante el número creciente de ‘clientes’ para los centros y la vinculación de su tarea a la misión de evangelizar y atender a los más pequeños… Vivir el día a día con entrega y dedicación, llevando el compromiso más allá de lo exigible, manteniendo las puertas abiertas con paciencia y cariño, sin renunciar a vivir y anunciar explícitamente el evangelio que sostiene la fe y la vocación de los titulares, no siempre se comparte entre todos los educadores.

Laicos y religiosos, voluntarios y contratados, comparten diferencialmente los carismas que provocaron las obras que cuidan del ser humano más dañado en el nombre del Amigo de los pobres. La convivencia no siempre es fácil y requiere de un respeto profundo a la identidad y la aportación de unos y otros… Porque en este caso, su testimonio incluye demostrar cómo la diversidad de estados y opciones de vida enriquecen y completan la educación y el cuidado de las casi familias que sus niños tienen la dicha de conocer.