Archivo mensual: agosto 2012

Fin de curso

     Junio siempre tiene algo de acelerado: el trabajo, el calor y el cansancio se entremezclan sin rigor, cuesta mantener el entusiasmo y el cuerpo reclama su peaje veraniego. Los estudiosos de la felicidad han investigado el delicado continuum entre comprometerse y quemarse que se da en las profesiones que tienen un alto grado de lazos emocionales y morales, como maestros, médicos o personas que cuidan enfermos crónicos. El agotamiento, el cinismo indiferente y la eficacia profesional se combinan en los individuos que,  exhaustos, acaban rompiendo las raíces de su motivación.  El compromiso conlleva vigor, desafío, dedicación y un alto grado de implicación en la tarea. Wilmar Schaufeli recuerda que la línea que separa ambos polos es muy tenue y la erosión del compromiso lleva a la amargura de la esclavitud.

     Cuando se trabaja por razones pastorales y una no sabe muy bien si lo que hace está o no en la letra pequeña de un contrato inexistente, o cuando las necesidades son tantas que no se sabe dónde acudir, o la tarea es absorbente y escondida, hay que aprender a proteger el equilibrio personal. No es fácil cuando se disfrazan y se alaban desde fuera los excesos o se confunde la entrega con una huida hacia delante… La despersonalización en las relaciones, la autocrítica excesiva,  la falta de objetivos realistas y alcanzables o la carencia de espacios y tiempos protegidos para desconectar acaban desgastando las mejores intenciones. Por el contrario, el disfrute personal de lo que uno hace, el control de las situaciones, romper las rutinas y cambiar de actividad, ser resilientes ante las dificultades, la conciencia realista de la propia capacidad o mantener el sentido del humor nos ayudan a mantenernos enganchados como sarmientos a nuestra vid.

     En esta cultura de exaltación del liderazgo como fuerza transformadora de micro y macro organizaciones, promover el compromiso y prevenir el cansancio implica saber gestionar las propias fuerzas y las de aquellos que comparten contigo la misión. Dicen que hay que predicar con el ejemplo… así que toca prepararse para descansar… feliz fin de curso…

Carmen Pellicer

De entrenadores que educan

     Tengo mala memoria, pero hay recuerdos caprichosos que se quedan grabados y vuelven con fuerza cada vez que un lugar, o un momento encienden una chispa… como los domingos por la tarde que siempre me recuerdan a José María García en la radio… cuando el futbol era la estrella solo una vez por semana, y volvíamos del pueblo, sin autopistas, en un viaje largo y silencioso, excepto por la voz de mi padre que maldecía los resultados adversos… quizás por eso no me gusta el futbol. Pero había una cosa que siempre me intrigaba y me parecía tremendamente injusta: por qué dimiten los entrenadores si son los jugadores los que pierden el partido… Lo que vemos los neófitos es solo el partido final pero se nos escapa todo lo que hay detrás de arte y esfuerzo, y la culpa o el éxito de quién es artífice de la estrategia del juego.

     Se ha puesto muy de moda hablar de la figura del entrenador como metáfora educativa. Cuando educas no juegas el partido. En tu mente dibujas las trayectorias de cada balón que la vida les lanza… sabes cuál sería la mejor posición, la mejor compañía, los mejores fichajes para acompañarles. Conoces a los contrarios y las contrariedades que tendrán que afrontar y puedes anticipar los golpes y desear e incluso prepararles para que los eviten. Pasas con ellos por los tedios y las inseguridades, por los inicios y los triunfos precoces. Les conciertas los partidos o incluso, a veces los amañas para que ganen confianza, no pierdan, no sufran… Vibras y les hablas como si siempre pudieran adivinarte…Vives las lesiones como si fueran tus heridas y estás ahí, al inicio, en el juego y al final, en las pérdidas y las victorias… Pero no puedes jugar por ellos.

     ¿Hasta dónde eres responsable de su destino? Es una pregunta que  marca el umbral entre las gradas y el terreno, espectadores o entrenadores. Es un aguijón que te mantiene en tensión desde el instante que son tuyos: si es en la escuela, solo en temporada… si es en la vida, no cabe dimisión.

Carmen Pellicer

¿Automatizar o informatizar el aprendizaje?

     Cuando era pequeña teníamos en mi casa la habitación del ordenador. Mi padre, director en IBM, trajo muy pronto un enorme armatoste, predecesor del  portátil personal. Funcionaba con unos disquetes grandes que eran un avance a las fichas de cartón, aunque nunca pasamos de utilizarlo como una sofisticada máquina de escribir. Que aquel mastodonte electrónico suplantara mi derecho de hermana mayor a tener mi propio cuarto nunca lo perdoné, y quizás está en el origen de mi pobre y forzosa competencia digital. Mi padre no creía que pudieran comercializarse ni tuvieran un uso en los hogares.. Se equivocó. Si su visión de futuro hubiera sido más certera, quizás hoy seríamos millonarios…

     Es la misma desconfianza que me embarga en los centros donde los cacharros van ganando espacios en las aulas y los presupuestos, los pdfs sustituyen a los textos o los alumnos rellenan los ejercicios y controles por ordenador… Automatizar las aulas no equivale a mejorar el aprendizaje. El uso de la tecnología más avanzada no garantiza  por sí solo la transformación de la cultura de la información en gestión del conocimiento. Es fácil confundir la habilidad manual en el manejo de las máquinas con la capacidad de pensamiento crítico y creativo que debe estimular una institución educativa. El fetichismo hacia determinados recursos contiene en sí mismo la tentación de seguir haciendo lo mismo maquillado de una estética futurista, cuyo poder de seducción para alumnos desmotivados está a punto de perecer.

     Imaginemos que debo pedir a mis alumnos que realicen un trabajo en papel, pero qué papel??… Te planteas preguntas como: ¿de qué gramaje? , ¿será mejor tamaño folio, A3, A4, o tamaño personalizado?, ¿colores variados o blancos? satinado o sin brillo? ¿será más conveniente que sea reciclado? ¿con cuadrícula o rallado?, ¿agujereado, cosido, suelto o en libreta?… ¿Cuánto tiempo dedicas a estas preguntas, sin duda relevantes, pero no  centrales a la hora de plantear que realicen unos ejercicios de tu materia?  Traslademos ese razonamiento al modo en que planteamos muchas veces la inserción de las tecnologías en nuestras aulas, o los criterios con los que seleccionamos los recursos para dotar nuestros centros… Qué modelos, potencia, tamaño y condición, o cuántas pizarras, portátiles, impresoras, cámaras, redes, y… ¿qué porcentaje de tiempo dedicamos en nuestra reflexión sobre las Ticss a su uso en el aprendizaje como auxiliares y no como protagonistas de él?

     Quizás podríamos sustituirlo por preguntas como: ¿Mejora el uso de determinado recurso la calidad del aprendizaje de un alumno?, ¿me permite personalizar el ritmo, la profundización, la expresión, el rigor o cualquier otro aspecto relevante para los objetivos del aprendizaje?, ¿cómo las redes sociales pueden inspirar nuevos canales de comunicación para ampliar las audiencias que estimulen la expresión del aprendizaje de mis alumnos?, ¿manejamos la misma información en diferente soporte, o enriquecemos y ampliamos los ámbitos de la investigación más allá de los territorios conocidos?, ¿contamos con las habilidades técnicas pero sobre todo con la ‘gramática’ virtual necesaria para estimular el pensamiento y construir las narraciones que les permitan consolidar su identidad en los mundos en los que navegan?…

     La tecnología va a revolucionar sin duda,  con mayor o menor sensatez y sentido, nuestras aulas. Se abren un montón de posibilidades para transformar la cultura organizativa del aprendizaje. El acceso a la información sólo es el primer paso. El profesor ya no será el experto que enseña, y el control sobre el conocimiento será compartido, no solo con los mismos alumnos que le superarán en el manejo de muchos recursos, sino también con interlocutores externos con los que tendrá que elegir si compite o colabora… Cambiarán los tiempos, los espacios, los currículos y los recursos…. Pero el cambio que soñamos no ocurrirá por un incremento cuantitativo en la mecanización de los entornos del aprendizaje, sino por el incremento cualitativo de la reflexión y la formación de los docentes que sean capaces de guiar las rutas de los navegantes por mares desconocidos.

(Artículo de Carmen Pellicer publicado en la revista Educadores)

Aprender de otros en Pastoral

     En innovación y gestión del cambio de Centros Educativos, una de las claves fundamentales es mirar a los mejores. Es muy importante ver experiencias de aquellos que han intentado con éxito lo que nosotros creemos imposible. Así, durante los últimos años, una de nuestras líneas de trabajo ha sido recopilar diferentes iniciativas pedagógicas y de organización escolar que han logrado mejorar en profundidad el rendimiento y aprendizaje de los alumnos. Pero ahora andamos a la búsqueda de la ‘excelencia pastoral’…¿Dónde podemos ver escuelas que están haciendo una pastoral viva, dinámica, comprometida y eficaz para aprender con ellas?

     Esta semana hemos visitado el St Agustine’s Catholic School en Worcestershire en Inglaterra. Sam Downes es la capellana del centro, y coordina una amplia red de voluntarios, alumnos, profesores y personas que colaboran desde parroquias e instituciones. La capellanía equivale a nuestro Departamento de Pastoral. Nos enseñó materiales, actividades con tutores, programas de iniciación a la oración y  cooperación con ONGs diversas… Pero nos impresionó especialmente la intensidad del acompañamiento personal a través de muchas iniciativas: Los alumnos de los últimos cursos reciben una formación específica sobre como acompañar a los menores, y apoyan a los tutores de los cursos inferiores en pequeños grupos, clubs de tiempo libre, chats…etc. Pero también ‘apadrinan’ en una relación personal, a alumnos que están en una situación especialmente vulnerable, bien por razones personales, bien académicas. En el programa ‘Arco Iris’  apoyan a alumnos que están viviendo una separación o pérdida de alguien querido. Sam habla mucho de la importancia de personalizar los procesos de invitación y seguimiento de la fe. Todos estamos de acuerdo, pero ellos han encontrado los tiempos y las maneras de llevarlo a cabo.

     Aprendemos mucho unos de otros. Comienzan las jornadas de Pastoral de Fere y, durante diez fines de semana, miles de profesores nos encontramos para compartir tanto bueno que sí hacemos también en Pastoral. Una cosa que he aprendido es que para cambiar las cosas hay que creer con pasión en que pueden hacerse mucho mejor y buscar con rigor las maneras.

Carmen Pellicer