Archivo mensual: mayo 2012

A quién hacemos el coaching

     La memoria es como un álbum de fotos. No recordamos épocas enteras de nuestra sino una colección de instantes que se mezclan caprichosamente y a los que acudimos de vez en cuando… a veces imágenes nítidas y otras que se van quedando en tonos sepia y marfil…. Busco en la mía cómo aprendí a enseñar…

     Recuerdo de niña el placer de hacer sencillo y comprensible lo difícil cuando explicaba a mis compañeras las lecciones en el autobús escolar… tengo grabado sobre todo el temor y temblor de las primeras clases en el instituto de Palma donde cambié por primera vez de un lado del aula al otro, queriendo representar mejor que mis predecesores un rol que creía conocer bien y que apenas manejaba… recuerdo el miedo a perder el control de una precaria disciplina, el vértigo a no saber que decir, las dificultades de llegar a niños más pequeños y la sorpresa ante el inesperado desinterés de mis alumnos por lo que yo creía fascinante… recuerdo los pequeños grandes éxitos primeros de las clases nocturnas cuando podías acompañar más allá de los libros en la aventura del conocer…. Los desafíos y desplantes, sus logros y fracasos, la intimidad y la indiferencia, la tensión y la seducción… la adicción inicial que provocan el apego afectivo y la admiración… la mezcla de miedos, descubrimientos y placeres que el aula sigue despertando en mí… todo eso vinculado a instantes pero sobre todo a rostros, de los que he olvidado los nombres pero han quedado ligados para siempre a mi aprendizaje inacabado del arte de educar…

     Pero muchos de esos momentos solo los he comprendido después. Con años de experiencia, reflexión y estudio creces en ese discernimiento para encontrar las maneras de llegar a las mentes de los que se ponen en tu camino…. encuentras el equilibrio necesario para implicarte a la vez con los que te quieren y los que te provocan, buscando su bien por encima de tu recompensa emocional… Y aprendes a acompañar si te dejas ser acompañado, si afrontas tus carencias y debilidades y compartes generosamente lo que sabes hacer bien… nadie llega solo a ser educador…
Desde hace varios años entramos en cientos de aulas para hacer esto que llaman ‘coaching’, que traducimos por ‘entrenamiento’, aunque en castellano pierde algo de glamour… No me gusta el nombre aunque a veces haya que ceder a él. Creo que no todo se puede importar a la educación sin tamizarlo por unos criterios específicos que hacen de nuestras escuelas empresas especiales… nos pasó con la ‘calidad’ que se quedó en las puertas de las aulas y en ocasiones olvidó el proceso por excelencia que no es enseñar sino aprender… ahora el marketing cada vez más frecuente de este anglicismo combina arriesgadamente el acompañamiento espiritual secularizado, las terapias light de autoayuda y las técnicas más agresivas de control empresarial… Me gusta más hablar de observación, incluso evaluación en sentido genuino, del desempeño docente. En una cultura escolar donde las puertas están cerradas a cal y canto y todavía se manipula el concepto de libertad de cátedra como la potestad de hacer lo que uno quiere sin rendir cuentas sobre la profesionalidad, la eficacia y la fidelidad a un proyecto común, entrar dentro de la clase y generar la tensión de la autocrítica constructiva y el compromiso por el perfeccionamiento personal es una revolución.

     Hemos ido construyendo un modelo que descansa en observar el aprendizaje de los alumnos y el impacto que el profesor tiene sobre su desarrollo… Así entendido, el coaching es un proceso de acompañamiento no solo del docente, o del alumno, sino del encuentro entre ellos y la posibilidades que abre para el crecimiento personal de ambos. Y que va consolidando la reflexión y el compromiso por seguir aprendiendo como parte de la cultura de un centro. No se trata de entrar a juzgar o controlar, sino de abrir las puertas para que unos podamos aprender de los otros, busquemos lo mejor de nosotros mismos y comprendamos con mayor profundidad nuestra experiencia… para compartirlo y ayudar a crecer a los demás… para ser más competentes pero sobre todo, más sabios.

(Artículo publicado en la revista Educadores)

Innovación y Educación

            Llamamos ‘novas’ a las estrellas que explotan aumentando su brillo de forma muy intensa durante un tiempo, a veces unas horas, otras unos días o unos meses… Se expanden con demasiada velocidad,   y después palidecen poco a poco y desaparecen en la oscura normalidad… Parecían nuevas, por eso se les llamó así, pero ahora sabemos que no lo son. También yo me pregunto a veces, si el culto a la innovación, palabra mágica en tiempos turbulentos, no se confunde con un cierto exotismo pedagógico que nos deslumbra a menudo como las novas estelares de galaxias ajenas… Todos los que acumulamos historia en las aulas, hemos hecho pruebas con lo que aprendíamos en cursillos y ocasionalmente organizábamos con energía y entusiasmo proyectos, salidas, semanas… para luego volver a beber de nuestras prioridades y las formas arraigadas en nuestra práctica docente. En este viaje turístico por las escuelas de tantos lugares diferentes, una encuentra muchos experimentos que afrontan las mismas cosas con maneras muy dispares y que a veces se disfrazan de éxitos para ocultar la cotidianidad. En la eclosión de iniciativas que llamamos innovadoras, y que revela una necesidad profunda y genuina de hacer una escuela diferente, existe la tentación de aclamar sin rigor el cambio por el cambio, que cual nova brillante perece al poco de nacer. Por eso, poco a poco, aprendes a discernir algunas claves que ayudan a distinguir cuándo la novedad hace realmente nueva una escuela…proponemos diez:

1. Cuando las propuestas inciden directamente sobre el aula y la intensidad del aprendizaje, y no únicamente sobre la gestión, la motivación o la disciplina de forma aislada

2. Cuando benefician a todos los alumnos y no solo a una minoría que ya son privilegiados  bien por su capacidad o por la atención que nos roban.

3. Cuando establecen criterios claros que no dependen de cuantos recursos y dotaciones se obtienen sino más bien de cómo se utilizan y se amplía su disponibilidad.

4. Cuando descansan en el trabajo en equipo y no en el personalismo de algunos genios francotiradores, carismáticos pero excesivamente individualistas, y se extienden gradualmente en toda la escuela o institución.

5. Cuando permanecen durante un tiempo razonable y sobreviven a las lunas de miel y la amenazas de ruptura de los tiempos iniciales, para instalarse en lo que docentes y discentes consideran su obligación.

6. Cuando son claras y explícitas, pero a la vez flexibles al permitir el espacio para la creatividad y la adaptación al estilo y las circunstancias de cada alumno.

7. Cuando no se dan por definitivas ni se absolutizan como la única manera de hacer las cosas, sino que estimulan estar abiertos a seguir creciendo y aprendiendo.

8. Cuándo se evalúan sistemáticamente, no solo por el entusiasmo o la adhesión que provoquen sino por su impacto eficaz en todas las dimensiones de los aprendizajes que pretendemos.

9. Cuando están vinculadas al carácter y el talento vital de los alumnos y no solo a su rendimiento académico y apuestan por sacar lo mejor de cada uno de ellos para su vida personal.

10. Cuando forman parte de un proyecto coherente , se complementan con propuestas en los diferentes ámbitos de la escuela, y contribuyen a  acercarnos a la visión y misión que pretendemos y no solo responder a las presiones que nos condicionan a corto plazo.

            Las explosiones de las novas no son del todo inútiles, los materiales que liberan sirven para formar nuevas estrellas. En esta efervescencia que muchos centros están viviendo al descubrir nuevos caminos, podemos descubrir las semillas para dibujar nuestro propio itinerario hacia la escuela que soñamos. Las buenas prácticas, las iniciativas creativas, los proyectos innovadores o las experiencias piloto, son flases de luz que enriquecen la visión que tenemos del futuro que ahora parece más posible. No son suficientes ni podemos conformarnos con ellos, pero pueden ayudarnos a convertir nuestros deseos en decisiones… las decisiones en compromisos… y los compromisos en la realidad que deseamos ver.

(artículo publicado en la revista Educadores)

Transmitir la fe

     Con esto de la crisis, están apareciendo propuestas de lo más creativas… Me llega una realmente novedosa: A partir del 2014 en el estado de Virginia, en EEUU se podrá utilizar un servicio llamado ‘Voyager’, para lanzar al espacio las cenizas de los muertos. Esto supondrá una desgravación fiscal importante y unos costes relativamente baratos si los comparamos como está morirse por aquí: 1000 dólares si se les deja pululando por el espacio y 10.000 si el destino es la luna… ¡qué dirían los poetas!… La empresa, que se llama Celestis, promociona el viaje de los seres queridos por el espacio profundo, abandonando el sistema Tierra-Luna en un viaje celestial permanente… El turismo funerario ofrece a los familiares una visita guiada por las instalaciones del puerto espacial de la NASA… ¡Hay que ver!… Antes para ir al cielo había que ser buenos y ganarse el privilegio…pero ahora parece que hemos modernizado los métodos…

     Lo tenemos crudo para hablar del cielo… acabamos de intentarlo en un itinerario para acompañar el despertar religioso de los niños pequeños, que ayude a los educadores y catequistas a invitar desde la infancia a la experiencia del encuentro con Jesús resucitado… En la transmisión de la fe caemos muchas veces en la tentación de convertir el evangelio en un manual de reglas y normas para comportarse bien, de reducirlo a un recetario de soluciones para ganar seguridades y tranquilizar conciencias… nos resulta muy difícil lo de la escatología en un imaginario trasnochado de angelitos navideños que tocan instrumentos de viento sin corriente eléctrica durante toda la eternidad… Tenemos que buscar nuevos lenguajes, iconos y metáforas que nos ayuden a contar a los niños que Jesús resucitado vive entre nosotros y nos invita a disfrutar de la vida que no se acaba.

     Celebramos de nuevo la Pascua y toca remover esas ansias que todos tenemos de viajar eternamente por los cielos no explorados, se sentirnos libres de ataduras, de tocar los territorios que no alcanzamos a soñar en nuestras vidas pequeñas y ocupadas…¡y sin esperar a que las naves espaciales nos lleven de excursión!

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